A finales del siglo XVIII muchas de las mujeres que vivían en conventos de clausura no sólo eran instrumentistas y cantantes, sino que también escribían sus propias composiciones. “Estas monjas escribieron una música fantástica que nada tienen que envidiar a los hombres que componían en la época, al menos en música religiosa concebida para los oficios”, explica Guillermo Turina, violonchelista de Pérgamo Ensemble. Esta formación, integrada también por la clavecinista Eva del Campo, junto a la soprano canadiense Elisabeth Hetherington, presenta esta música en el XXXI Festival de Música Sacra y Antigua de Badajoz. El concierto tendrá lugar el 13 de septiembre en la Catedral de Badajoz (18:00 horas).

El programa que interpretarán se titula ‘Filia Musicae’ y es un homenaje a aquellas mujeres de finales del siglo XVIII que compusieron en los conventos de clausura italianos durante el barroco, mujeres que, en muchos casos, tuvieron que enfrentarse a importantes obstáculos para poder componer.

Este proyecto surgió de la estrecha colaboración y la amistad de Pérgamo Ensemble con la cantante canadiense Elizabeth Hetherington. “Ella lleva años haciendo una amplia investigación sobre música de estas monjas italianas, haciendo este repertorio y cantándolo en todos los festivales a los que es invitada”, señala Turina.

UNA VIDA MONACAL LIGADA A LA MÚSICA

Las obras seleccionadas pertenecen a las monjas Isabella Leonarda, Lucrezia Orsina Vizzana, Chiara Margarita Cozzolani y Rosa Giacinta Badalla. “Todas ellas fueron seguramente mujeres extraordinarias que pasaron toda su vida dentro de los muros de un convento y en muchos de esos conventos italianos era normal que, aparte de todas las labores que realizaban las monjas, tuvieran formación musical y sobre todo hacían partícipe a la música de los oficios religiosos”.

Por ello sus composiciones están dedicadas a Dios, a pasajes de la Biblia o motetes sobre la Virgen, “todas con un trasfondo religioso”.

La curiosidad de Pérgamo Ensemble se centró hace unos años en una de estas mujeres: la monja ursulina Isabella Leonarda, que pasó su vida en el convento Collegio di Sant’Orsola de Novara. “De todas estas monjas ella nos pareció la más importante, es de la que más música se conserva. En su vida publicó más de 20 volúmenes, todos ellos de una factura extraordinaria. Fue una compositora destacada”, explica Turina.

ESTRENO EN LA CATEDRAL DE BADAJOZ DE UN MOTETE DE ISABELLA LEONARDA

Investigando encontraron un volumen de motetes que nunca se habían vuelto a tocar, “se consideraban perdidos, en los catálogos más importantes sobre la vida y obra de Isabela Leonarda no aparecían, aunque se sabía que se habían publicado”.

El descubrimiento del libro de motetes opus 12 de Isabella Leonarda, inédito hasta la fecha, al que Pérgamo Ensemble ha tenido acceso se encuentra custodiado en el archivo de la Gesellschaft der Musikfreunde en Wien.

Uno de estos motetes, el opus 12 número 2, ‘Victoria’, lo estrenó el ensemble recientemente en la Semana de Música Religiosa de Cuenca. Otro Motete, ‘Si penando’, opus 12 número 4, se estrenará el 13 de septiembre en el Festival de Música Sacra y Antigua de Badajoz. “Es un estreno mundial, porque no se había vuelto a tocar desde que se publicó en su época, al menos no hay registro de ello”.

Pérgamo Ensemble ha recibido una de las becas Leonardo que concede el BBVA para hacer una grabación discográfica con la recuperación de estos motetes y un documental sobre la vida y la obra de Isabela Leonarda.

Las compositoras no lo tuvieron nunca fácil, máxime en el siglo XVIII. Fueron muchos los obstáculos que tuvieron que sortear.

CIERRE DE CONVENTOS Y PROHIBICIONES PARA COMPONER

Lucrezia Orsina Vizzana, que ingresó a los ocho años en el convento de Santa Cristina de Bolonia, publicó en 1623 un libro de motetes, algo poco habitual para una mujer de su época. Las críticas, especialmente desde la Iglesia, desembocaron en 1628 en la intervención militar y el cierre del convento, además de la prohibición de que continuara componiendo. Tras estos acontecimientos se sumaron a problemas de salud y fue considerada loca.

El programa incluye además música de Chiara Margarita Cozzolani, procedente de una familia rica de Milán. Ella recibió formación musical antes de ingresar en un convento en 1619. Publicó varias obras entre 1640 y 1650, destacando sus ‘Vísperas’. Llegó a ascender al cargo de abadesa, posición desde la que defendió la práctica musical de las monjas frente a los intentos del arzobispo Alfonso Litta de limitarla.

Varias generaciones más tarde la monja benedictina Rosa Giacinta Badalla, nacida alrededor de 1660 en la zona de Milán, posiblemente en Bérgamo, publicó una colección de motetes para voz solista en Venecia en 1684.

“En esa época que una mujer publicara música ya era todo un logro, pero cualquier mujer que no hubiera sido monja lo tenía aún más difícil. Tenemos bastantes ejemplos, como el caso de otra italiana, Anna Bon, que era una compositora y una música extraordinaria, hasta que se casó y por las leyes de la época no pudo seguir componiendo ni trabajando en la música”, explica el violonchelista del ensemble.

“En el caso de estas monjas estaban algo más protegidas porque ya estaban casadas para siempre con Dios y podían dedicar su vida al arte y a cultivar la música”.

 

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Magazine Cultural de entrevistas, reportajes y noticias que recoge las creaciones culturales y artísticas que tienen como origen o destino Extremadura.

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