Feliz estaría Porrina de Badajoz de ver a los artistas flamencos impartiendo clases de cante y baile en los conservatorios de la ciudad que le vio nacer y le escuchó cantar. Era premonitorio que colocaran su estatua de bronce junto al edificio del Conservatorio Superior ‘Bonifacio Gil’ en plena plaza de la Soledad, muy próxima a la plaza Alta que tanto frecuentó el cantaor del clavel en la solapa y las gafas de sol.